sábado, 4 de enero de 2014

Intrusiones hogareñas

El otro día, hallándome yo perdida en ensoñaciones fútiles, probablemente relativas a un hermoso y utópico holocausto atómico en el congreso de los diputados (sin supervivientes), sonó el timbre de repente. Qué extraño, -pensé- si el ejemplar de El libro de cocina del anarquista que compré en Amazon no llegaba hasta mañana. Intrigada, me levanté y asomé el ojo a la mirilla

Allí, ante mi puerta, había dos señores de avanzada edad, calvo uno, y con gafas, cetrino y encogido el otro, como si quisiera fundirse amorosamente con la pared. Abrí la puerta y, ¿quieren saber, queridos lectores, a qué venían estos caballeros a la puerta de mi casa?

-Buenos días.
-Buenas.
-Verá, estamos haciendo un recorrido por el barrio; en estas fechas, y en estos tiempos tan inciertos, en los que tanta gente está sufriendo, hemos venido hasta usted para hablarle de Jesús. 
-Ya. Mire, lo siento, pero es que no soy creyente.
-No es usted creyente, ¿eh? Pero, si me permite, déjeme leerle una cosa... -rebusca en un bolso de cuero a la caza de lo que, imagino, no puede ser más que una biblia. 

Acierto. El abuelete se pone a pasar páginas con el dedo índice, flap, flap, flap, y yo lo miro entre flipando y con ganas de chasquear mis dedos delante de su nariz. Eh, oiga, que le he dicho que soy atea, ¿hola? Pero no lo hago. Estoy como fascinada a mi pesar. Como, supongo, se sentirá un ratoncillo de campo cuando una serpiente lo hipnotiza con perversos fines.

El señor empieza a leerme un versículo. Reprimo mis ganas de decirle que se meta la sagrada escritura por donde le quepa; que yo ya la he leído y es uno de esos trabajos de ficción que nunca releeré. Y eso que soy de las que relee sus libros. Por desgracia, uno de mis mayores defectos es que en la vida real soy infinitamente más educada que mentalmente. Pero muchísimo más.

-En verdad os digo que la casa no se ha hecho a sí misma, y debe de tener, por tanto un hacedor.

O algo así. En lenguaje bíblico, ya saben: Aragorn, hijo de Arathorn... y tal. El vejete cierra la biblia con un movimiento vulgar pero lleno de triunfo pagado de sí mismo. Levanta la vista, desafiante, con una sonrisa beatífica en la boca. Me mira a los ojos como diciéndome: jaque mate, infiel. Y ahora, ¿qué? Yo, que me estoy aguantando la risa y las ganas de orinar, asiento con la cabeza. 

-Me parece muy bien pero, como ya le he dicho, no soy creyente y no me interesa; además, convendrá usted conmigo en que la biblia la escribieron unos tipos que creían en dios, y yo no creo.
-Pero usted sabe que los hechos recogidos en la biblia están comprobados. 

Ante esa afirmación inesperada, me quedo muda de sorpresa. Por mi mente pasa fugazmente algo que encontré una vez en internet sobre la legitimidad de lo narrado en la biblia.

Las pruebas de que existen Dios y Spiderman, respectivamente

El señor aprovecha para seguir con lo suyo:

-De todas maneras, nosotros le traemos esta revista- continúa imperturbable, mientras del bolso maravilloso empieza a sacar un ejemplar de la inefable Atalaya.

 Pienso vagamente en Mary Poppins. ¿Qué va a ser lo siguente que saque de ahí? ¿Un hisopo cargado con agua bendita? ¿Me intentará hacer un exorcismo? En serio. Qué persistencia admirable. Procuro recomponerme y concentrarme para, esta vez, parecer más terminante y menos amistosa. No sé, a lo mejor el tipo ha pensado que, como soy mujer, es imposible que pueda saber lo que en realidad quiero, y ha decidido por mí que lo que en realidad quiero es a Jesús en mi vida. Y él va ayudarme, voto a tal que sí.

-Que no, mire, ya se lo he dicho antes; conozco la revista, y...
-Pero sólo se la queremos dejar para que le eche un vistazo...
-Le digo que no quiero, ya se lo he dicho. No me interesa. Repito, no me interesa, gracias. No soy creyente.

Empiezo a preguntarme si tal vez no tendré que ponerme en bragas y hacer una danza ritual para finalizar sacrificando a mi gato encima de su calva. Tal vez no haya otra manera menos pagana de que me dejen en paz. El otro señor, el que está intentando osmotizarse con la pared sigue allí, muy concentrado en su propósito. Yo diría que casi lo está consiguiendo. De vez en cuando menea un poco la cabeza y nada más. Es como de atrezzo,está para hacer bulto.

-De acuerdo, pero déjeme que le muestre solamente una muestra de la infinita sabiduría de nuestro señor.  
-Oiga...

Pero el cruzado implacable me corta, leyendo directamente de la revista, esta vez a trompicones, un texto sobre la araña y su tela. Yo creo que el señor se ha puesto nervioso con mis imperiosas negativas porque, esta vez, su lectura es pésima. Lo que llego a entender de entre sus torpes balbuceos lo he inferido del contexto. El texto venía a decir algo así: ¿Cómo es posible que en la tela de araña las presas queden atrapadas, pero nunca la propia araña? ¡Oh, maravilla! Se debe a que lo ideó dios, que es un diseñador muy inteligente. 

Joderquefuerte. El vejete me ha sacado el diseño inteligente. ¿Qué hago?, ¿qué hago? Por mi mente pasan raudas secuencias enteras de Funny Games. En  cuanto me distraiga, pienso, entrarán en casa, se comerán mis palomitas y sodomizarán a mi gato. Y luego me obligarán a convertirme al cristianismo. Pienso en el Monstruo de Spaguetti Volador y me planteo la posibilidad de explicarle a este hombre que es tan absurdo que crea en Jesucristo como que crea en un unicornio rosa invisible. Pero es que no es viable, comprendo. No lo es. 

Sin embargo, ha sido la gota. 

-Como le he dicho desde el principio, no soy creyente. Así que imaginará que no creo en el diseño inteligente, sino en la evolución...
-La evolución es una teoría...
-Sí, una teoría científica...
-... que no ha sido comprobada.

¿En qué momento de esta conversación creí seriamente que podría razonar? No es posible. No computa. No se puede razonar con alguien que va casa por casa, intentando imponer a sus habitantes sus convicciones. Antes de aceptar mi punto de vista, aun sin abandonar el propio, a este señor le implosiona el celebro. Asiento, exasperada; no, no se puede razonar con alguien que considera que los hechos narrados en la biblia han sido probados, pero que la teoría de la evolución es más que cuestionable.

-Mire, no quiero seguir hablando de esto; le he repetido mil veces que no soy creyente. Usted sí que lo es, y eso no va a cambiar. Usted no me va a convencer a mí no yo le voy a convencer a usted, así que... 

Empiezo a cerrarle la puerta en las narices, y veo como el señor-pared se anima repentinamente, asintiendo con la cabeza, vehemente, hacia mí. ¿Me está dando la razón? Qué misterio. El otro, sin perder la sonrisa buenrollera asiente también; claro, tiene razón, que pase felices fiestas y un feliz año nuevo. Y el siempre inevitable rezaremos por usted. Eso sí que es la puntilla absoluta de la superioridad moral. Rezaremos por usted, pobre degenerada, miserable espiritual. Para que el señor tenga a bien no enviarla derechita al infierno. Que la mande al purgatorio, si eso.

Cierro la puerta y me siento en mi mesa, con la sensación abrumadora de que no tengo cara.

Más: anteriormente en ¡Manda Carallo!, Cristianismo feminista.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuestionario básico para saciar mi vanidad de blogger.

El amigo Holden (Caulfield) me ha mencionado en un cuestionario-cadena de esos. Pero que no cunda el pánico. No voy a nombrar a nadie, así que no van a tener ustedes que destapar sus intimidades bloguerísticas. ¿Por qué, entonces, he decidido contestar las preguntas del amigo Holden? Porque, si les digo la verdad, algunas de ellas me han hecho reflexionar un poquillo sobre mí misma, y creo que verbalizar ciertos pensamientos es útil para superar ciertos problemas y temores. Así que gracias, Holden. 

1 ¿Llevas más de un blog? ¿Por?
 Sí, llevo unos cuantos, y el motivo principal es que las temáticas no tienen que ver mucho unas con otras. Eso y que mi madre descubrió hace unos meses este blog y temo que algunas de las cosas que escribo la escandalicen; este blog empezó como una especie de diario personal, porque nadie lo leía; a medida que fue ganando lectores empecé a callarme mis movidas personales y a contar otras cosas. Más que nada porque mi vida no debería interesarle a nadie que no me conozca un poco. Y eso.


2 ¿Desearías que la blogosfera estuviera más poblada y tener más seguidores, comentarios y actividad en general en tu blog?
Sé que hay gente que me lee y que nunca o casi nunca comenta porque no tiene nada que añadir a lo ya dicho, o por el motivo que sea. Eso ha dejado de importarme, aunque es cierto que los comentarios se agradecen siempre, por aquello de tener algo de feedback.
Hubo un momento en el que mi objetivo principal era conseguir seguidores; pero cuando los seguidores empezaron a aumentar me di cuenta de que no sentía nada (como la Rocío Jurado al hacerlo con aquel tipo) y de que era erróneo que mi motivación fuera la de ganar adeptos, cuando nunca he sido el tipo de persona que busca captar a nadie. Esto no es una secta; yo soy como soy y si a usted le gusta lo que hago, es bienvenido y espero que se quede, pero me entristece la idea de que haya gente que me lea esperando reciprocidad, como me ha pasado muchas veces. Hay gente que deja de leerte si dejas de escribir comentarios en su blog. No lo entiendo.
Y luego están las de "oye, como mola tu blog, te sigo, ¿me sigues?" No. 

3 ¿Tienes algún proyecto que tenga que ver con escribir fuera de internet, un libro por ejemplo?
 Sí, y sí. Pero el miedo es más poderoso que todo lo demás. Bueno, es más fobia que miedo, si tenemos en cuenta que es totalmente irracional.

4 Los post, ¿Con o sin foto? ¿Con o sin vídeo? Justifique su respuesta.
Cuanta más información, mejor. Hay posts que se hacen solos con una foto, sin necesidad de ninguna palabra. Un ejemplo, que yo soy mucho de ejemplos: 


5 ¿Le das a las redes sociales? ¿Cuál?
 No, gracias. Pero gracias. Lo único que uso a veces -más últimamente- es twitter, pero me cuesta horrores expresarme en 140 caracteres y soy un poco inútil en las mecánicas básicas de twitter.  Lo cierto es que no me gusta ninguna de las redes sociales que existen actualmente. Básicamente me parecen instrumentos de alienación humana. Pero muy guay todo, eh.

6 ¿Porqué elegiste blogger como plataforma para tu blog?
 No sé. En 2006, cuando empecé, no sabía de la existencia de otras plataformas. Yo venía de escribir en una plataforma norteamericana que se llamaba opendiary, y que funcionaba como una especie diario electrónico, pero si querías tunear los posts con imágenes y otras cosas, tenías que saber algo de html, y algo aprendí. Me pasé a blogger porque en opendiary empezaron a hacer actualizaciones de software y me borraron alrededor de dos años de entradas escritas y bien trabajadas en inglés. Así que, como comprenderás, me pareció un poco mal y los mandé al peo. Vine a blogger y tampoco me planteé informarme acerca de otras posibilidades porque, al menos entonces, blogger era sencillísimo de utilizar.

7 ¿Cuál es tu libro preferido? Porque estoy dando por hecho que a todos los bloggers nos gusta la lectura en menor o mayor medida.
Tengo muchos. Uno es Ada o el ardor, de Nabokov. El barón rampante, de Italo Calvino, Ariel de Sylvia Plath; otro podría  ser Corazón Doble de Marcel Schwob, otro Lunar Park, de Easton Ellis... Pero también soy muy fan de Stephen King. No sé. Borges, Cortázar... En fin, que leo mucho y que a una persona que hace mucho de algo no se le puede pedir que elija su favorito absoluto de ese algo; me pasa lo mismo con las pelis y la música. Al menos, así lo entiendo yo.

8 ¿Porque razón empezaste el blog? ¿Para desahogarte? ¿Para tener más en común con alguna persona? ¿Para qué, maldito?  
Voy a ser un poco pija y poner una cita, aunque no sea de Paulo Coelho: No hay nadie que haya jamás escrito o pintado, esculpido y modelado, construido, inventado, a no ser para salir del infierno. (Antonin Artaud)
 
9 ¿Alguna persona a quien sigues y que le dejes comentarios pero nunca jamás se digne a entrar en tu blog y hacerte un poco más feliz? ¡Nómbrale y que caiga en la vergüenza y en la deshonra!
Este año ha sido un poco loco y he abandonado el blog y mis visitas a otros blogs. Así que no puedo decir que me haya dedicado a requerir la atención de alguien, y que ese alguien me la haya negado. Pero en el pasado, sí. Por supuesto que me ha ocurrido. Es normal. Tampoco es que me haya importado mucho; hay bloggers medio famosetes que tienen muchos seguidores bastante más importantes que lo que pueda ser yo para ellos. Soy miserablemente humilde en este sentido. Si es que eso es posible en un blogger, claro.

10 ¿Mides tu autoestima según tu número de seguidores en tus post o en cualquier red social?
 Así fue durante un tiempo, como decía en la respuesta a 2. Ahora mismo me importa un pimiento morrón quién me siga o me deje de seguir. Pero de buen rollo, eh.

11¿Crees que conseguirás que al menos una persona de las que nombres responda a este cuestionario? Yo no tengo muchas esperanzas, la verdad.
 No, porque no voy a nombrar a nadie. Pero tú has tenido algo de suerte, Holden :)

Más: anteriormente en ¡Manda Carallo!, Tener miedo.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El hombre más culpable del mundo

Yo soy de las que piensan que casi todo el mundo carga con algo que no le corresponde cargar. No es que el peso de tales cargas me parezca irrelevante, pero creo que es bastante peor la conciencia de llevar a cuestas algo que no es propio. Algo de lo que uno no quiere hacerse responsable, más que nada porque las decisiones que condujeron a tal situación las tomó otra persona en su lugar.

Cuando lean la siguiente historia tal vez comprendan mejor a qué me refiero.



Ted vivía en Cambridge cuando conoció a Sylvia, en febrero del 56; él tenía veintiséis años y era una promesa de la poesía joven británica. Ella tenía veinticuatro, era norteamericana, impulsiva, vulnerable, y hermosa. Coincidieron en una fiesta que él y sus amigos habían organizado para lanzar St. Botholp's Review, una revista de poesía de la que sólo se publicó un ejemplar.

Pero lo cierto es que Sylvia y Ted no coincidieron; lo cierto es que Sylvia fue a buscar a Ted porque, leyendo su poesía, se había enamorado de él, y quería comprobar que su corazón no le mentía. La novia de Ted, rabiosa, tuvo que arrastrarle hasta la puerta para que dejara de mirar a aquella americana desvergonzada. Pero no sirvió de nada.

Se conocieron allí y no se volvieron a ver hasta un mes después. Se casaron en junio, sin dar tiempo siquiera a la rutina. Se casaron enamorados, apasionados. Locos. Con la madre de Sylvia como único testigo de semejante locura. Con la madre de Sylvia se fueron de luna de miel a Benidorm, por más que ahora nos suene grosero y hortera. Y allí Sylvia sintió miedo, porque España estaba demasiado viva, demasiado sucia, peligrosa como un animal aterrorizado, con los dientes manchados de sangre y los ojos húmedos. Sylvia enfermó, tuvo fiebre; lejos de su hogar, de la norteamérica ordenada, estable, tranquila. Sylvia guardaba un secreto como una inmensa máquina oscura. Y Ted no lo veía.

Al año siguiente, Sylvia y Ted recogieron sus cosas y se fueron a Estados Unidos, donde trabajaron  y escribieron. Sylvia se sentía a veces diminuta, una miserable sombra proyectada por la magnífica presencia de Ted; él iba a ser el héroe de la poesía en lengua inglesa. Ella sólo iba a ser esposa y madre de, guardiana del hogar, levantadora de polvo y estiradora profesional de ajuares. Y no era justo. La inmensa máquina oscura se ponía en marcha, empujándola hacia abajo, a los subterráneos del ser, donde nada importa, donde sólo el sueño y la muerte son descanso por fin. 

Sylvia y Ted volvieron a recoger sus cosas y volvieron a Inglaterra. Llegó 1960 y una hija, y un libro inspirado por la sensibilidad de Ted. La hija era de ambos, el libro también. Sylvia lo sabía, lo sabía, y sabía que el libro debía haber sido suyo y sólo suyo. Hubo otro embarazo y un aborto recordado entre poemas. Luego una autobiografía del suicidio y la tristeza, y otro hijo. Esta vez el libro era sólo suyo; pero Sylvia sospechaba que Ted no.


Sylvia y Ted alquilaron un piso a un matrimonio, Assia y David; los cuatro se hicieron amigos. Pero, sobre todo, Assia y Ted; Sylvia se dio cuenta de la atracción que gravitaba entre ellos, porque era observadora, y poco después intentó matarse una vez más, esta vez provocando un accidente de coche. En julio descubrió que Assia y Ted estaban juntos. Era 1962 y Sylvia se fue, y escribió del dolor y de la rabia, y de la muerte, y del final. Sin saberlo todavía estaba escribiendo Ariel, el testamento que la convertiría en una de las mejores poetisas del siglo XX. 

Sola en Londres, en un piso helado con dos niños diminutos, la inmensa máquina oscura funcionaba día y noche a plena potencia. Aquí vivió William Butler Yeats; a Sylvia, que se casó con Ted en Bloomsday, para honrar la memoria de James Joyce, le gustó la plaquita azul y pensó que le traería suerte. El invierno fue uno de los más fríos que se podían recordar. Las tuberías se congelaron, los niños enfermaron, y Sylvia escribía un libro que sería el más suyo. Sería más suyo que sus propios hijos. La promesa de buena suerte de la plaquita azul no se cumplía; atrás quedaban las sesiones de electroshock de su adolescencia; atrás, lejos, inútiles. Atrás los intentos de suicidio; mirando al frente, sólo cabía una solución; al final, la inmensa máquina oscura iba a ganarle con bastante calma, sin ansiedades, sin esfuerzos superfluos. 

Sylvia llevó leche caliente y galletas a la habitación de sus hijos. Se encerró en la cocina y tapó todas las rendijas con trapos, porque sus hijos no eran culpables de nada. Si alguien debía meter la cabeza en el horno, ése alguien era ella, y nadie más: la madre maldita, ingrata, salvaje. Así que metió la cabeza en el horno, abrió el gas, y después nada. 

Cuando todo esto sucedió, Assia llevaba en el útero un hijo de Ted. Pero este hijo no llegó nunca a término.

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Ted se quedó a solas con la herencia de Sylvia. Sus poemas, que se encargó de ordenar, supervisar, y publicar. Sus diarios, que se encargó de mutilar piadosamente, eliminando extremidades moribundas que pudieran infectar la inocencia de los hijos que hizo con Sylvia. Y su recuerdo que, más adelante, trasplantaría a los versos de un libro llamado Birthday Letters. Cargado con el peso de su muerte y con todos los reproches implícitos en ella, Ted se mudó a la antigua casa de campo que habían comprado juntos, y se llevó con él a Assia  y a sus hijos. 


En 1965, Assia tuvo por fin una hija, Shura, que Ted nunca reconoció oficialmente, si bien sí creía que era suya; pero los amigos de Ted lo eran también de Sylvia, y muchos veían en Assia el motivo de su suicidio. Por otro lado, Ted era infiel, siempre lo había sido, y siempre lo iba a ser, y Assia lo sospechaba. Además, él no quería casarse con ella y Assia, mientras veía cómo Ted iba y venía a su antojo, se quedaba en casa criando a sus hijos y esperando convertirse en su esposa por arte de magia.

En 1969, Assia decidió continuar con lo que empezaba a perfilarse como una tradición necesaria en la vida de Ted. Selló las puertas y las ventanas de la cocina, tomó un montón de pastillas para dormir disueltas en un vaso de agua y abrió la espita del gas de la cocina. Sólo que ella no estaba sola; tenía a Shura, de cuatro años, en su regazo. 

Las encontraron muertas, echadas sobre un colchón. 


Ahora, imagínense ustedes las acusaciones de que fue objeto este hombre. Imagínense, si pueden, qué cosas tuvieron que pasar por la cabeza de este hombre cuando, con cuarenta años apenas cumplidos, se encontró con dos mujeres, a las que había amado, y una hija, muertas por el mismo motivo. Por su culpa, por su culpa, por su grandísima culpa.

Ahora, juzguen ustedes, si se atreven.

Más: anteriormente en ¡Manda Carallo!, La maldición de Mayhem, IIIIII.

lunes, 30 de septiembre de 2013

La maldición de Mayhem (III): la historia de Varg Vikernes

La siguiente historia se entiende muchísimo mejor si han leído ustedes la anterior a ésta; si todavía no lo han hecho, pueden pulsar aquí: La maldición de Mayhem (II): la historia de Euronymous.

El 10 de agosto de 1993, Varg Vikernes asesinó a Oystein Aarseth, más conocido como Euronymous, de veintitrés puñaladas; dos en la cabeza, cinco en el cuello y dieciséis en la espalda.

Durante el juicio Vikernes aseguró, entre otras muchas cosas, que las puñaladas habían sido muchas menos de las que apuntaba la policía; Euronymous, en su ciega huida, habría caído sobre cristales rotos y se habría hecho varios cortes, pero ni mucho menos todas las heridas eran obra del cuchillo. También dijo que lo había hecho en defensa propia, ya que Euronymous planeaba matarle y él lo había descubierto y, consecuentemente, procurado la ventaja. Esto, sin embargo, no le impidió detenerse en un lago para quitarse de encima la sangre de Euronymous y para deshacerse de la ropa manchada.

Cuando todo esto ocurrió, Varg Vikernes tenía veinte años, y Euronymous veinticinco.

La oleada de comentarios, opiniones y pareceres al respecto que levantaron el asesinato, la detención y el juicio de Vikernes fue tal que se podrían escribir varios libros -que, de hecho, se han escrito- y el volumen de información disponible -procedente de muy diversas fuentes, incluyendo al propio Vikernes- es inmenso. Así que les ruego me disculpen si la lectura se les hace excesivamente larga y densa, o si encuentran que, por el contrario, en esta historia faltan datos. Dicho esto, sigamos adelante.

Quizá sea interesante rebobinar la cinta y volver al principio; no ya al principio de la amistad entre Vikernes y Euronymous, sino más al principio, todavía más. Quizá hasta llegar a cuando Vikernes era sólo un crío y tuvo que vivir durante un año en Bagdad porque su padre, ingeniero electrónico, trabajaba entonces para Saddam Hussein, desarrollando un programa informático. Durante este tiempo, Vikernes, de seis años, y su hermano mayor, tuvieron que asistir a una escuela pública, porque en el colegio inglés ya no quedaban plazas. Y aquí Vikernes descubrió algo interesante; si bien el profesor no se lo pensaba dos veces a la hora de largarle una hostia a algún alumno díscolo, con Vikernes y su hermano no se atrevía, porque eran blancos. Blancos caucásicos. Y este profesor no se atrevió a levantarle la mano a Vikernes ni siquiera cuando éste le llamó mono.

Tú si que eres mono, Varg

Vikernes también habló un poco acerca de sus padres; según él, su padre era uno de esos filonazis acomplejados: tiene en casa una bandera con la esvástica y le revientan los negros y los moros que vienen a su país a robarle su dinero, pero se avergüenza, y mucho, de que su hijo sea un skinhead de ideología nacionalsocialista. Una de las mayores preocupaciones de su madre, al parecer, era que a Vikernes se le ocurriera traer a casa a una chica negra pero, hasta ahora, la pobre mujer no ha sido capaz de hallar una explicación posible al hecho de que su hijo fuera/sea un neonazi de ovación y vuelta al ruedo. Lo cierto es que es todo un misterio, querida señora.

Tal vez les interese saber que Varg Vikernes ni se llama así ahora mismo, ni se llamaba así hasta, aproximadamente, 1992. A Vikernes, sus maravillosos padres lo bautizaron Kristian. Sí, sí, como lo leen: Kristian. Cuando Vikernes, ya más crecidito, fundó Burzum probablemente se dio cuenta de que eso de llamarse Kristian cuando tu pasatiempo preferido es ir por ahí quemando iglesias quizá no sea lo más coherente; y se cambió ese nombre que aborrecía por Varg, que significa lobo en sueco, y que tiene un estilo como más pagano, más salvaje, ¿no? Como más Cromañón, vamos, como las puntas de flecha de sílex y el irse a cagar detrás de un matorral sin tener ni papel higiénico.
En julio de este mismo año, y quizá tratando de deshacerse de la horrenda imagen que, desde 1993, va asociada a su nombre y apellidos, Vikernes volvió a cambiarse el nombre, figurando actualmente como Louis Cachet en el registro noruego de residentes.Vikernes tomó el apellido de su esposa, Marie Cachet, francesa, con la que vive actualmente en Limousin, Francia.

Pero volvamos al joven, al adolescente Vikernes, cargado con los complejos y la idiotez inherentes a esas edades; según diversas fuentes, el chaval estaba metido entonces en el asunto neonazi. En alguna entrevista afirmó que no había skinheads en Bergen, la ciudad noruega en la que vivía. No sé ustedes, pero yo estoy casi segura de que esto no es más que un problema de semántica; si los skinheads adoptan la ideología pero no la estética, tal vez no sea correcto llamarles skinheads, más que nada porque lo skinhead es más una estética que otra cosa; la ideología que hay detrás está relacionada con la extrema derecha, y en ciertos casos ideología y estética van de la manita. Pero no siempre. Si Vikernes afirma que en Bergen no había skinheads, es posible que fuera cierto: en Bergen no habría personas con pinta de skinhead. Otra cosa muy distinta sería decir que en Bergen no hay personas que profesen ideologías de extrema derecha; tal vez habría sido más inteligente preguntarle a Vikernes por su ideología, y no por sus pintas.
La cuestión, resumiendo el galimatías, es que el hecho de que un chico lleve el pelo rapado no le convierte en skinhead -faltan otros muchos atributos-, pero tampoco quiere decir que no pueda tener filiaciones fascistas. Éste, precisamente, parece haber sido el caso de Vikernes en esta época, justo antes de montar Burzum.

-¿Y qué cuernos, -se preguntarán ustedes,- es eso de Burzum?

Para los frikis poco aplicados: Burzum significa oscuridad en la lengua negra de Mordor inventada por Tolkien para El Señor de los Anillos. Este dato ya les da otra pista para que se hagan una idea del señor Vikernes; era, y probablemente siga siendo, fanático total del trabajo de Tolkien, si bien es probable que tuviera con él una relación más similar al amor-odio; Vikernes había llegado a la conclusión de que Tolkien, católico practicante, se había inspirado en la mitología, la cultura y la lengua noruega para crear Mordor, su lengua negra, y al malvado Sauron y sus esbirros. Según Vikernes, lo que Tolkien había hecho era relacionar la tradición noruega pagana con la maldad, cosa que le pareció fatal y que, dicho sea de paso, fue lo mismo que hizo en su día la iglesia católica con los cultos paganos que persistían en Europa en la edad media, asociándolos con Satán, aunque nada tuvieran que ver con éste, que fue una invención medieval. Pero sigamos, que me desvío del tema y me pongo imposible cuando hablo de brujas.

Volviendo a Burzum: parece ser que Vikernes llevaba tocando la guitarra desde los catorce años, actividad que probablemente compaginaba con su neonazismo de tapadillo. A los diecisiete contactó con una banda local, Old Funeral; entre los diecisiete y los dieciocho años tocó la guitarra con ellos e incluso participó en uno de sus EPs. Fue después de esto que Vikernes se decidió a montar su propio proyecto de black metal: Burzum. Vikernes comenzó este proyecto alrededor de 1991, siguió desarrollándolo durante su estancia en la cárcel, y permanece activo en la actualidad: su último disco, Sôl austan, Mâni vestan, salió en mayo de este año. En Burzum Vikernes lo hace casi absolutamente todo: compone letras y música, aporta la voz, toca los instrumentos, realiza las mezclas y graba las demos. Lo único que no hacía en sus comienzos era lanzar sus discos, porque quien lo hacía era Euronymous, mediante su recién creado sello Deathlike Silence Productions (DSP). Hasta hoy nunca ha habido un concierto en directo de Burzum, y aunque Vikernes llegó a planteárselo en su momento, invitando a Samoth, de Emperor, a tocar el bajo, éste sólo llegó a aparecer en el EP Aske.

Al empezar con Burzum, Vikernes había ido metiéndose en la escena del black metal noruego que, como ya comentamos en los dos artículos anteriores, tenía su núcleo en Helvete, la tienda de música regentada por Euronymous. Allí, armado con dos demos y alternando con músicos y fans del black y el death metal, Vikernes fue dándose a conocer, hasta llamar la atención de Euronymous, quien seguramente vio en el jovencito Vikernes una máquina de hacer pasta, ya que Burzum era un proyecto novedoso a varios niveles: era una banda de un sólo componente, el sonido no era similar al de la mayoría de bandas del momento y había una filosofía y una actitud personal bastante particulares detrás del proyecto. Además de todas estas cosas, Vikernes había adoptado un seudónimo, que, cómo no, también se había sacado de los libros de Tolkien, más concretamente de un orco llamado Grishnákh; así, en la escena del black metal, a Vikernes se le conocía como Count Grishnakh (Conde Grishnakh), y para acompañar al seudónimo se había preparado un uniforme la mar de impresionante.

Para presumir hay que sufrir

Como ya habíamos ido diciendo en los dos posts anteriores, casi todos estos tipos que formaban la escena del black metal noruego estaban muy preocupados por parecer malvados. Cuanto más malvados mejor. Más malvados que Esperanza Aguirre con síndrome premenstrual. Esto no es tarea fácil; son muchas horas posando para fotos con espadas de escayola y cuchillos de cazador, portando siniestros cirios en ominosos subterráneos mohosos, y con el careto más pintado que la puerta de un puticlub. Horas y horas tiñéndose las melenas de negro, probándose capas negras, elaborando cotas de malla con las arandelas de las latas de coca-cola, asegurando que uno ha comido fragmentos del cerebro de un amigo muerto, haciéndose collares con los fragmentos de su cráneo, y proclamando a los cuatros vientos que Satán es mi señor y nada me ha de faltar.

En algún momento dado, a principios del 92, o quizá un poco antes, alguien empezó con el rollito ése de que si Satán mola mil, y no se sabe con seguridad si fue Euronymous o Vikernes, si bien Vikernes llegó a decir más adelante que era una estupidez que un músico de black metal se definiera como satánico, teniendo en cuenta que el satanismo es una inversión del cristianismo; aceptar el satanismo significaría aceptar, en cierta medida, la realidad de la Iglesia. Pero independientemente de quién empezara a dar la murga con el tema, la cuestión es que Euronymous se lo tomó muy en serio. Y algunos otros aparentemente también, aunque quizá motivados por otras ideologías, porque el seis de junio de 1992 empezaron a arder iglesias por toda Noruega, siendo la primera de ellas la iglesia de madera de Fantoft. Y no se pierdan el detalle de la fecha, que es muy diver: el 6 del 6 del 92 fue sábado, que es... ¡el sexto día de la semana! ¡¡¡666!!! ¡Ia ia Cthulhu fhtagn!

En un momento dado y a raíz de una entrevista publicada en un periódico noruego, de la que hablaremos un poco más adelante, se arrestó a Vikernes como presunto autor del incendio, pero la acusación se desestimó por falta de pruebas. Es curioso, sin embargo, que Vikernes utilizara una foto de la iglesia carbonizada de Fantoft en la portada de uno de los EPs de Burzum. ¿A que no adivinan cómo se llama este EP? Aske: cenizas en noruego. Seguro que él no fue.

Fantoft antes y después

Cuando le preguntaban a Vikernes si había sido él el incendiario, eludía la pregunta muy ladinamente aportando, además, nuevos datos sobre su verdadera ideología: No voy a decir que yo haya quemado ninguna iglesia, pero te diré otra cosa: una persona lo empezó todo. Fui declarado no culpable de incendiar la iglesia de madera de Fantoft pero, de todas maneras, fue eso lo que precipitó todo lo demás. Se hizo el seis de junio y todo el mundo lo relacionó con el satanismo. Lo que todo el mundo pasó por alto es que el seis de junio del 793 en Lindsfarne, en Gran Bretaña tuvo lugar el primer ataque vikingo conocido en la historia, con vikingos de Hordaland, que es mi lugar de origen... Ellos (los cristianos) profanaron nuestras tumbas, nuestros túmulos, así que fue una venganza. 

Así que, quemando esta iglesia en esta fecha, matamos dos pájaros de un tiro, por lo que a móvil del crimen respecta, porque había dos opciones que, realmente no estrechaban el cerco en torno a los posibles culpables:

a) es una venganza satánica: lo que lo vincularía a ciertos grupos de black metal noruego
b) es una venganza pagana: lo que lo vincularía a otros ciertos grupos de black metal noruego

¡Todos salimos ganando! Y, ¿se fijan ustedes?, ya va apuntando la verdadera ideología de Vikernes: el paganismo nacionalista escandinavo, también denominado odinismo. Pa cagarse.

En cualquier caso, este comentario de Vikernes parece la mar de efectivo para acojonar a la gente. Y para decirle a todo el mundo sin decirlo que, efectivamente, había sido él quien le había pegado fuego a la iglesia. Por si a alguien le queda alguna duda, otro dato; Vikernes se encargó muy diligentemente de que nadie creyera que Euronymous había podido tener nada que ver con la quema de iglesias: La cuestión es que todas estas iglesias (incendios de iglesias) están relacionadas con una persona... que no es Oystein (Euronymous), obviamente. Todos los incendios de iglesias (los hizo esa persona), con la excepción de Stavanger, porque eso lo hizo otro grupo (que, por cierto, se ha convertido al paganismo nacionalista).
Aquí tenemos a Vikernes, queriendo dejar bien claro que el mariquita de Euronymous ni de coña habría podido realizar semejante atrocidad; y teniendo en cuenta que, por entonces, la amistad entre él y Euronymous empezaba a hacer aguas, a mí me parece que esta declaración no es más que una manera de ridiculizar a Euronymous y darse bombo a sí mismo ante sus fieles seguidores.
Pero continuemos, si les parece.

Por esta época oscura, en la que a muchos integrantes de la escena del black metal noruego les había dado por la cremación ritual de los bienes inmuebles de la santa madre iglesia, Vikernes estaba vinculado a Mayhem no sólo por su amistad y sus negocios con Euronymous, líder y guitarrista de la banda; por entonces, Euronymous había invitado a Vikernes a tocar en uno de los discos de Mayhem, cuando había transcurrido aproximadamente un año desde el suicidio de Dead. Juntos, Euronymous y Vikernes habían logrado poner en fuga al entonces bajista de Mayhem, Stian Johannsen (alias Occultus), que había venido reemplazar a Necrobutcher; juntos le habían amenazado de muerte -quién sabrá los motivos- plantando ante su casa un crucifijo en llamas y rompiéndole las ventanas a pedradas, y juntos se dedicaban, con la misma actitud de malotes de mierda, a intentar asustar y escandalizar a la opinión pública granjeándose, de paso, una publicidad que incrementara las ventas en Helvete. Con este fin, Euronymous y Vikernes habían planeado una entrevista con un popular diario local, el Bergens Tidende.

El modus operandi fue el siguiente: dos coleguitas de Vikernes le hicieron una entrevista anónima, bajo su seudónimo, Count Grishnackh, en la que afirmaba, entre otras cosas, que él había quemado las iglesias y asesinado a un fulano en Lillehammer, una ciudad del este de Noruega. Esto último no había sido él quien lo había hecho, sino uno de los integrantes de Emperor, que atiende por Bard Eitun. Pero esa ya es otra historia. El caso es que los coleguitas de Vikernes se encargaron de hacer llegar esta entrevista a la redacción del Bergens Tidende; y como para cada acción hay una reacción, un periodista del diario se puso en contacto con Vikernes para entrevistarle con más seriedad.
Se citó al periodista en un apartamento y se le dijo que le pegarían un tiro si se le ocurría llamar a la policía. Vikernes aseguró años después, muy de risas, que el pobre reportero no se había dado cuenta de que mucho de lo que le había contado en la entrevista era una exageración, una broma, que le estaba tomando el pelo. Qué quieren que les diga; si yo me veo encerrada con varios draculines de éstos y amenazada de muerte, lo más probable es que mi sentido del humor no esté muy animado. Vikernes y sus amiguitos le dijeron al periodista que sabían quiénes eran los autores de los incendios y dejaron entrever que podrían haber sido ellos mismos. Además aseguraron que estas acciones iban a continuar, y que su propósito como adalides del black metal era propagar el miedo y la maldad, motivo por el cual estaban contándole todas estas movidas al pobre periodista acojonado: para que el periódico las publicitara, sembrando el terror en Noruega. Pero además aportaron datos relacionados con los incendios que la policía no había revelado a la opinión pública, y que el redactor contrastó con la autoridades antes de publicar el artículo, confirmándose que tales datos eran correctos. El artículo se publicó en enero del 93, en primera página, acompañado de esta bonita foto de Vikernes:

Niño, pórtate bien, que viene Varg Vikernes

Aunque Vikernes había realizado la entrevista bajo seudónimo, y a pesar de que la foto no revelaba mucho acerca de su verdadera identidad, la policía terminó localizándole y arrestándole por incendiario, pero tras un par de semanas y después de mucho investigar tuvieron que dejarle en libertad por falta de pruebas. Tras su salida de prisión Varg ridiculizó sin descanso las excesivas comodidades de que gozó durante su confinamiento; Varg quería algo más radical, más duro, una mazmorra, pan y agua, cadenas y grilletes, ¡que le pegaran los guardias, por dios!, ¡que le insultaran!, que para algo él era más duro que Clint Eastwood con hemorroides. Curiosamente, cuando apenas un año después le detuvieron para interrogarle acerca del asesinato de Euronymous, Vikernes se quejó de las condiciones inhumanas en que lo mantuvieron, porque ni le apagaron la luz ni tampoco quisieron darle una mantita de repuesto a la hora de dormir. Pobre Varg. ¿En qué quedamos Varg?

Es de recibo preguntarse si mientras todo esto ocurría había surtido efecto la estrategia publicitaria que tan maquiavélicamente habían planeado Euronymous y Vikernes. Al fin y al cabo, debió de pensar Vikernes, si me han arrestado y metido en la trena dos semanas, aunque hayan sido tan insoportablemente cómodas, que haya sido por algo.
Pero, pobrecito Varg, el tiro le había salido por la culata; debido a la enorme atención negativa que Helvete y su dueño estaban recibiendo a causa del artículo del Bergens Tidende, Euronymous había decidido cerrar la tienda. Vikernes aseguró siempre que no había sido decisión de Euronymous, sino de sus padres que, avergonzados por la mala prensa que perseguía a su hijo y a la tienda, le habían presionado para que la cerrara. Y ésta, precisamente, fue una de las cosas que aniquiló definitivamente la relación entre Vikernes y Euronymous, porque a Vikernes le parecía intolerable, lamentable y vergonzoso que un hombre hecho y derecho cediese a las presiones de sus padres asustados, aun cuando habría podido hacer un muy buen negocio de todo el asunto. Su opinión acerca de Euronymous ya no estaba muy a flote por entonces, pero aquéllo había terminado de hundirla en las fosas abisales de la miseria espiritual.

Y la cosa, a partir de ahí, fue cuesta abajo y sin frenos. Como Rajoy hablando en inglés. Como mi vecino versionando canciones de la Jurado.


EL ASESINATO

Se dijo que había sido una disputa para hacerse con el liderazgo de la escena del black metal noruego. Se dijo que había sido por dinero. Se dijo que había sido por hacerse el machito, superando el asesinato a sangre fría perpetrado por un colega en Lillehammer. Pero Vikernes siempre dijo y, estoy muy segura, seguirá diciendo hasta el final, que lo que hizo fue en defensa propia. Ustedes permítanme, en este momento, que yo me descojone. Muy agradecida. 

Vikernes aseguraba estar completamente convencido, porque al parecer alguien se lo había dicho, de que Euronymous tenía planes para él, y de que éstos no incluían ni sofá y palomitas viendo Lo que el Viento se LLevó, ni tampoco una tranquila velada debatiendo si es más macho Rob Halford o Vince Neil. No; Euronymous lo que quería hacer con él era lo siguiente, en este estricto orden:

1. inmovilizar a Vikernes con un táser
2. atarlo de pies y manos (y posiblemente amordazarlo también, digo yo)
3. meterlo en el maletero del coche
4. llevarlo a un bosque remoto
5. atarlo a un árbol
6. torturarlo y asesinarlo
7. habiéndolo grabado todo en vídeo para el disfrute del respetable

Claro, seguro que ustedes con sus amigos habrán tenido alguna que otra fricción o desacuerdo, y puede que incluso hayan llegado a las manos y lo hayan disfrutado, pero imagino que les daría un poco la risa si alguien les viniera con el cuento de que su aminemigo pretende hacerles todas estas cosas tan truculentas. A Varg Vikernes no le dio la risa porque, según dijo, Euronymous era muy bocazas, y siempre andaba fanfarroneando de todo delante de todo el mundo -que si hoy me he comido un niño, que si ayer me tiré un pedo que rompí los calzoncillos-, pero sólo había confesado sus planes de asesinar a Vikernes a unas pocas personas de su entorno más inmediato, lo que le hizo ponerse pero que muy en guardia al amigo Varg.

Vikernes y Euronymous en una mazmorra malvada

Por entonces, Vikernes había cortado toda relación con Euronymous y había vuelto a Bergen, la ciudad donde residía habitualmente cuando no estaba de visita en Oslo. Allí recibió una carta de Euronymous en la que éste le pedía, muy amistosamente, que se reunieran para firmar un contrato pendiente sobre el que ya habían hablado y llegado a un acuerdo anteriormente, probablemente relacionado con la gestión de Burzum. Vikernes interpretó este mensaje de Euronymous como el proverbial trozo de queso que se pone como cebo en la ratonera, y decidió dejarse de tonterías: tomar el control de la situación, ir a visitar a Euronymous, llevarle el contrato firmado para que le dejase en paz de un puñetera vez y, si se terciaba, arrearle una paliza y dejarle hecho un Ecce Homo.

Vikernes convivía en aquel momento con Snorre Ruch, un zagal que había entrado a formar parte de Mayhem, llenando el hueco que había dejado Vikernes después de mandar a Euronymous A.T.P.C. Al recibir la carta, Vikernes le había comentado a Snorre su intención de hacerle una visita a Euronymous; según la versión de Vikernes, al bueno de Snorre se le había ocurrido que si le acompañaba podría enseñarle a Euronymous unos riffs de guitarra nuevos que había estado currándose para Mayhem. Así que, a eso de las nueve de la noche, cogieron los dos, se montaron en el Golf de Vikernes, y tiraron camino a Oslo en un viaje que, atravesando las montañas de este a oeste, dura entre seis y siete horas por carretera.

Llegaron alrededor de las tres de la madrugada, y Vikernes llamó al telefonillo. Euronymous, que seguramente había estado durmiendo, le dijo que volviera más tarde, pero el otro insistió diciéndole que había traído el contrato firmado y Euronymous terminó por abrirle, seguramente con simbolitos de dólar refulgiendo en sus ojos. O si no de dólares, de coronas noruegas. Mientras Vikernes subía por las escaleras, Snorre se quedó fuera fumando un cigarro, porque tanto en el apartamento de Euronymous como en el coche de Vikernes, estaba prohibido fumar. A partir de aquí, y recuéndelo bien, todo lo que les voy a contar es la versión que el propio Varg Vikernes dio del asesinato, y que figura al alcance de cualquiera en su página web.

Euronymous recibió a su intempestivo visitante en la puerta de su casa, asobinado aunque nervioso, según Vikernes, y en ropa interior. Vikernes le tendió el contrato firmado, pero en vez de darse media vuelta y no buscarse más líos, le preguntó a Euronymous que qué coño estaba maquinando para, seguidamente, acercarse más a él, cosa que Euronymous debió de interpretar como una agresión real o potencial, porque entonces le atizó una patada en el pecho a Vikernes para, acto seguido, dar media vuelta y meterse en el apartamento; Vikernes asumió que Euronymous pretendía armarse, probablemente con un cuchillo de cocina o incluso una escopeta (la misma que un par de años antes usara Dead para volarse la cabeza) y salió disparado detrás de él, sacando del bolsillo un pequeño cuchillo con el que apuñaló una vez  a Euronymous al alcanzarle.

Euronymous consiguió salir del piso y empezó a correr por los pasillos, sangrando como un cochino, dando alaridos y llamando a los timbres de los vecinos, en busca de alguna ayuda, justo cuando el bueno de Snorre llegaba de fumarse su cigarro y se encontraba con este panorama, y con Varg Vikernes saliendo del apartamento y blandiendo un cuchillo ensangrentado. Una cosa que le había cabreado mucho a Vikernes era que Euronymous hubiera intentado escapar de él después de la primera puñalada; para él, esa reacción le convertía en un cobarde despreciable, y precisamente por eso merecía, más que nunca, morir. Vikernes cuenta que le dio tres o cuatro puñaladas más en el hombro izquierdo mientras intentaba escapar, y asegura que Euronymous cayó sobre los cristales de una lámpara rota, lo que le provocó muchos más cortes de los que él le había infligido. En ese momento, Euronymous se detuvo y le pidió a Vikernes que le dejase para, seguidamente, intentar patearle por segunda vez. Esta vez, Vikernes le clavó el cuchillo en la frente y Euronymous murió.

El cadáver de Euronymous rodó escaleras abajo y Vikernes salió corriendo en busca de Snorre, que era quien tenía las llaves del coche y que, al parecer, estaba en estado de shock por todo lo que había presenciado y, por tanto, era susceptible de dejar a Vikernes en una situación peligrosa. Emprendieron la vuelta con Snorre al volante pero, al poco rato, Vikernes se dio cuenta de que su compañero conducía de manera errrática, dando vueltas por el centro de Oslo, y le cambió el sitio. A mitad de camino se detuvieron junto a un lago, donde Vikernes se lavó y se deshizo de la ropa ensangrentada, hundiéndola con piedras en una zona profunda. Lo curioso es que, después de haberse quedado en pelota viva, Vikernes encontró, casualmente, una muda de ropa casi completa en su coche. A saber: unas camisetas de Burzum que llevaba para vender en Sarpsborg, unos pantalones sucios tirados en el asiento trasero, y una sudadera de Kreator con el lema "Pleasure to kill" -matar es un placer-, que un colega se había dejado olvidada. ¡Oh, ironías y casualidades de la vida!

Hay un par de pequeños detalles, con respecto al asesinato, que me gustaría comentar; Varg Vikernes jura y perjura que el cuchillo que utilizó para matar a Euronymous no sólo era muy pequeño sino que, además, estaba tan poco afilado que, de intentar cortar un tomate por la mitad, sólo conseguiría aplastarlo. Otro detalle es que si hacemos recuento de las puñaladas de Vikernes nos salen, como mucho, seis. La primera puñalada, entre tres o cuatro puñaladas en la espalda, y la puñalada mortal. Un total de seis que, como convendrán conmigo, dista mucho de la cifra de veintitrés que dio la policía. En ambos casos, Vikernes se aferró a estos datos -entre otros- con la esperanza de fortalecer la credibilidad de sus motivos: la autodefensa. Tampoco está de más comentar que algunos de los músicos del entorno más próximo tanto a Euronymous como a Vikernes dudan mucho que este asesinato fuera motivado por una necesidad de autodefensa. Necrobutcher, por poner un ejemplo, considera que el asesinato estuvo motivado fundamentalmente por las cuestiones de dinero antes mencionadas.

Y aquí termina la versión de Varg Vikernes y da comienzo una versión que es mezcla de muchas.


EL ARRESTO

Parece ser que la policía de Oslo enseguida se olió la tostada y Varg Vikernes fue sospechoso desde el primer momento, pero como éste les viniera con un cuento lo suficientemente bien tramado, procuraron buscarle las vueltas al asunto por otro lado: interrogando a Snorre y a otro amigo, que se había quedado en casa de ambos mientras ellos estaban en Oslo visitando a Euronymous. Con estos dos ya no pincharon en hueso; los pobres, con una presencia de ánimo muchísimo menor que la del gélido Vikernes, enseguida cantaron por soleares sin poderse ir por peteneras. 

El diecinueve de agosto de 1993 se procedió al arresto de Varg Vikernes, en cuya casa de Bergen se hallaron ciento cincuenta kilos de explosivos robados (dinamita y glinita), tres bolsas de detonadores electrónicos, y tres mil balas.


EL JUICIO

Cada vez que Vikernes sonríe mueren tres gatitos



Vikernes mantuvo su versión en todo momento, y sigue considerando actualmente que el juicio no fue más que un trámite para aplicarle una pena que estaba decidida desde mucho antes del veredicto; según él, Noruega le había adjudicado el papel de hombre del saco -porque él no se lo había buscado, señores-, y habría de recibir por tanto la pena correspondiente; para ésto sólo necesitaban encontrar la más mínima excusa: que Vikernes cometiera el más mínimo error, y podrían encerrarlo y tirar la llave. Al menos durante unos cuantos años.

Vikernes insistió en que su ataque a Euronymous fue motivado por el temor de que éste llevara a cabo sus supuestos planes de matarle. Supuestamente, cuando fue a visitar a Euronymous no pensaba asesinarle sino, como mucho, darle una paliza si la cosa se ponía tensa, de ahí que no fuera debidamente armado, y que únicamente portase un cuchillo pequeño y sin apenas filo. También defendió que no había habido ensañamiento y aseguró que la mayoría de los cortes que presentaba el cadáver se habían producido al caer Euronymous en calzones sobre cristales rotos.
Parece ser -según Vikernes- que, aunque Snorre había indicado a la policía el lugar exacto del lago donde Vikernes se había deshecho de la ropa ensangrentada, lo único que se pudo encontrar fue una camiseta que no presentaba rastros de sangre y cuya pertenencia a Vikernes no se pudo probar.
Vikernes también aseguró que Snorre no tenía nada que ver con el asesinato y que si había estado presente había sido por pura casualidad, pero Snorre contradijo este testimonio explicando que Varg Vikernes había planificado el asesinato de Euronymous y que le había presionado para que le acompañara. Como imaginarán, Vikernes considera evidente que a Snorre le chantajearon para que ofreciera este falso testimonio.
En el juicio también se dijo que el amigo de Snorre y Vikernes que se había quedado en casa de éstos durante su ausencia no era más que una coartada cuidadosamente planeada: el cometido del chico consistía en hacer ver que en la casa había gente (Vikernes y Snorre) y retirar dinero con las tarjetas de crédito de Vikernes para reafirmar la impresión de que Vikernes había permanecido en Bergen todo el tiempo.

Dando ejemplo

Además del cargo de asesinato se le acusó también de la quema de tres iglesias y del intento de quema de una cuarta; las pruebas que se presentaron para respaldar estas acusaciones fueron los testimonios de varias personas que identificaron a Varg Vikernes como autor de los incendios. Vikernes dijo que estos testigos eran amigos de Euronymous, y que no se habían presentado pruebas que demostrasen que estos testimonios eran ciertos.
Para finalizar, se le acusó también de robo y almacenamiento de explosivos, siendo este último el único de todos los cargos de los que Vikernes se declaró culpable. Confesó que se había hecho con los explosivos para estar preparado en caso de que Estados Unidos decidiese iniciar una guerra fría contra Noruega (!).

El día en que se dictó la sentencia, ardieron dos iglesias más en Noruega. A Vikernes se le aplicó la pena máxima: veintiún años de cárcel de los que sirvió catorce en total. Durante su encarcelamiento se dedicó, sobre todo, a sacar nuevos discos de Burzum, elaborados casi completamente mediante sintetizadores, y a profundizar en el asunto del paganismo nacionalista, escribiendo libros y artículos.

A Snorre Ruch le cayeron ocho años por complicidad.

En 2003, mientras cumplía condena, Vikernes fue transferido a una cárcel de baja seguridad. A finales de octubre de aquel año, Vikernes se dio a la fuga tras un breve permiso. Paró un coche en el que iba una familia y se hizo con él a punta de pistola. Casi un día después la policía consiguió dar con él y arrestarle; en el coche se encontraron con lo siguiente:

-cuchillos
-una máscara de gas
-ropa de camuflaje
-un gps
-mapas
-una brújula
-un portátil
-un móvil

Más adelante dieron también con el lugar donde Vikernes había estado escondido durante su breve escapada, y allí encontraron una pistola y un rifle automático AG3. Llegaron a la conclusión de que la huida había sido bien planeada y que debía de haber contado con la ayuda de varias personas de fuera.

Si yo sólo salí a por unos fosquitos...

Varg Vikernes salió en libertad el veintidós de mayo de 2009. Apenas una semana después de su salida de la cárcel ardió otra iglesia, esta vez en Valer. 

El dieciséis de julio de este mismo año, 2013, la policía detuvo a Vikernes y a su señora, Marie Cachet, después de que ésta comprara cuatro rifles, por sospecha de posibles actividades terroristas, pero se demostró que la señora de Vikernes tenía los permisos necesarios para realizar la compra y se les dejó en libertad. 

Varg y Marie, tus amables vecinos

Y nada más, queridos lectores; la personalidad de Vikernes es tan compleja como fascinante como repugnante, y ya que me he dejado tanta información interesante en el camino, termino aquí este relato pero prometo obsequiarles, más adelante, con un pequeño anexo sobre Varg Vikernes, sus contradicciones, sus absurdos -aunque peligrosos- procesos mentales, su paganismo nacionalista, sus sintetizadores, sus cascos de vikingo, y muchas otras cosas que, después de haber leído esta larga historia, estoy segura no les defraudarán, pero tampoco creo que lleguen a sorprenderles. También en ese artículo encontrarán todas las fuentes de las que me serví para escribir este -extenuante- artículo. Ha sido un parto, pueden creerme.

Si han llegado hasta aquí, mi más sincera enhorabuena. Son ustedes unos campeones.

Más: anteriormente en ¡Manda Carallo!La maldición de Mayhem (II): la historia de Euronymous.

miércoles, 19 de junio de 2013

La maldición de Mayhem (II): la historia de Euronymous

La siguiente historia se entiende muchísimo mejor si han leído ustedes la anterior a ésta; si todavía no lo han hecho, pueden pulsar aquí: la maldición de Mayhem (I): La historia de Dead.

Después de la muerte de Dead, el bajista, Necrobutcher, decidió dejar el grupo, seguramente motivado tanto por el cabreo que se agarró con Euronymous por el asunto de las fotos, como por la tristeza que le causó la muerte de su amigo. Mayhem quedaba huérfana, sin cantante y sin bajista, pero Euronymous no se amilanó y siguió adelante, liderando la banda e intentando liderar también lo que se conoció depués como la escena del black metal noruego. Esta escena del black metal se formó y prosperó, básicamente, en torno a Helvete, la tienda de discos que Euronymous abrió en Oslo justo después de la muerte de Dead, entre mayo y junio del 91.

Helvete, que en noruego significa infierno, era una tienda dedicada al heavy metal en general, aunque su espíritu tenía mucho más que ver con el black metal: parece ser que las paredes, primorosamente adornadas con armas medievales, estaban además pintadas de negro. También se dijo que en el escaparate había una lápida de corchopán, si bien semejante rumor se vio desmentido después, pero con lápida o sin ella se hacen ustedes una idea del ambiente que imperaba en la tienda, ¿no? Satánico, y eso. El caso es que la tienda comenzó a atraer a amantes del heavy y el black metal, y también a músicos de bandas locales y vecinas como Immortal, Emperor o Darkthrone. No sólo es que se pasaran por allí para rajar de la última del Count Grishnack y escuchar discos de los Judas con el Euronymous, sino que algunos de ellos incluso llegaron a vivir y a trabajar en Helvete, ya que el local era lo suficientemente grande para dar cobijo a varios de estos hijos del metal. Asimismo surgió, al abrigo de Helvete, Deathlike Silence Productions, el sello discográfico independiente fundado por Euronymous con el que se lanzaron, por ejemplo, los discos de Mayhem y la sueca Merciless. Pero, y aquí nos vamos acercando cada vez más al meollo de la historia, también lanzaba los discos de una banda local, llamada Burzum, y quédense con este nombre para más tarde.

Oystein Aarseth y, en el centro, Helvete


Llegados a este punto hay que mencionar los serios problemas económicos que atravesaba Helvete. Lo cierto es que la tienda de Oystein era un excelente centro de reunión e intercambio de ideas para los adeptos del black y el death metal, pero no era todo lo rentable que cabía esperar. El alquiler del local era muy alto, y el hecho de que la tienda estuviera especializada en un tipo de música tan concreto probablemente no ayudaba, si además tenemos en cuenta que cualquier tipo de metal, incluso el más popular, es una tendencia minoritaria. Por si esto fuera poco, Euronymous tampoco era capaz de administrar correctamente su sello discográfico Deathlike Silence Productions; se dijo que regalaba demos y otros materiales discográficos a amigos y conocidos que se dejaban caer por la tienda. Según Varg Vikernes, el hombre detrás de Burzum, en lugar de pagar a las bandas el dinero que les debía de royalties, Oystein se lo gastaba en muebles para su apartamento o en comida, más concretamente en kebabs. Convendrán conmigo que tal vez ésta no fuera la manera más efectiva de llevar un negocio.

O sea que, recapitulando: tenemos a Oystein Aarseth/Euronymous que, en este punto de la historia ya parece más Euronymous que Oystein, ejerciendo de líder en funciones del black metal escandinavo, y de único responsable de un negocio que se estaba yendo a la porra y, lo que es peor, debiendo dinero a un buen montón de músicos de black metal. A todo esto hemos de añadir otro factor muy importante: Euronymous, como mentor y guía de la escena del black metal noruego, debía ser muy cuidadoso con la imagen que proyectaba, ya que tanto la apariencia como el estilo de vida de un adepto al black metal debían ser francamente malvadas. Y puesto que el black metal había de ser satánico o no ser, sus creadores y seguidores debían serlo también.
Tal vez motivado por estas ocurrencias, Oystein hacia cosas peligrosas, como amenazar de muerte a todas aquellas personas que no le caían bien; lo hizo, por mencionar alguno, con Stian Johannsen, quien se unió a Mayhem como bajista y cantante tras la muerte de Dead y el abandono de Necrobutcher. El bueno de Stian, que no quería malos rollos, salió de allí por piernas, lo que seguramente fue muy buena idea teniendo en cuenta que, respaldando la inofensiva amenaza de Euronymous estaba alguien mucho más peligroso, a quien hemos mencionado antes, llamado Varg Vikernes.
Otra iniciativa mucho menos peligrosa fue la de cambiar su viejo seudónimo, Destructor, por uno como más oscuro, así como más esotérico y amenazador; de esta manera pasó a llamarse Euronymous quien, según él, era el príncipe de los muertos en la mitología griega. Pero, llegados a este punto, podemos empezar a darnos cuenta de que Euronymous era, como mínimo, un poco panoli, y paso a explicarles el por qué: Euronymous no sólo no era el príncipe de los muertos en la mitología griega, sino que además tal personaje ni siquiera existe. Quien sí existe, en cambio, es Eurynomos, uno de los demonios del Hades, que arrancaba la carne de los cadáveres dejando sólo los huesos. Este demonio, además, aparece únicamente en un escrito de Pausanias, quien cuenta que ninguno de los escritos de Homero relativos al Hades lo menciona. Todo esto demuestra que Eurynomos no sólo no era un personaje habitual en la mitología clásica sino que, incluso, pudiera tratarse de una invención. Entonces, ¿de qué refajo claveteado se sacó Oystein lo de Euronymous?

 
 Euronymous, en el medio, haciendo cosas satánicas en el sótano de Helvete


Pues verán ustedes: resulta que el seudónimo "Euronymous" no es más que una transcripción errónea del original, Eurynomos, que aparece en la Biblia Satánica, publicada en 1969 y escrita por Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, y de cuya filosofía Euronymous se declaraba ferviente detractor. Este hecho tan simple nos puede dar una idea del carácter poco exhaustivo de Euronymous con respecto a las creencias que tan ciegamente decía profesar, lo que resulta paradójico; se consideraba una persona sumamente religiosa y se definía como satánico teísta, es decir, creía literalmente en la figura de Satán, un señor con patas de cabra y cuernos, que probablemente les suene de la tradición religiosa judeocristiana.
Esto no deja de ser significativo, ya que muchos de los grupos de black metal que empezaron declarándose abiertamente satánicos terminaron abandonando dicha postura al darse cuenta de que creer en Satanás implicaba creer también en la santa iglesia católica, lo que constituía otra paradoja, teniendo en cuenta que todos estos grupos se consideraban anticristianos, tanto de palabra como de obra. Al darse cuenta de esta contradicción, muchos de estos grupos cambiaron el enfoque satánico radical que profesaba Euronymous por uno pagano, basado en el culto a las deidades escandinavas ancestrales, como Odín, o por uno menos literal, como el que ofrecía la ya antes mencionada Iglesia de Satán.
Euronymous, además, sentó las bases de lo que, según él, podía considerarse black metal o death metal. Según él, toda clase de metal podía considerarse black metal mientras fuera duro y honrase la figura de Satán; de manera semejante, todo metal podía considerarse death metal, siempre y cuando fuera duro y honrase a la muerte. Estas definiciones debían vetar el campo a ciertos indeseables; Euronymous, supuestamente, aborrecía la idea de que la gente normal pudiera disfrutar del black y el death metal pues, según él, estos géneros estaban sólo destinados a gente brutal, capaz de matar y cometer actos abominables. ¡Las amas de casa no debería disfrutar el black metal! Por este mismo motivo consideraba que tanto el black como el death metal debían permanecer en el circuito underground, pero más tarde cambió de opinión, asegurando que todos aquellos que defendían la inaccesibilidad de esta música no eran más que aficionados incapaces de obtener popularidad por sus propios medios. Así que, sabiendo todo esto, ya nos hacemos una idea más aproximada del tipo de persona que era Euronymous. Y ahora viene lo que, en mi opinión es la clave del asunto.

  Tampoco parece tan malvado


Si nos atenemos a las declaraciones de la gente de su entorno cercano, llegamos a la conclusión de que Euronymous ni era satanista, ni espárragos fritos. Kjetil Manheim, primer batería de Mayhem y única persona normal en todo este fregao, lo describe como amable, familiar, sano (no fumaba ni bebía), y deportista. Según él, el personaje Euronymous no era más que la fachada que intentaba proyectar para fortalecer la imagen peligrosa y aterradora del black metal y de sus músicos quienes, por muy ridículo que suene, parecían competir muy seriamente para demostrar quién era el más malvado de todos. Además del sensato Manheim hubo más personas que desmintieron la maldad intrínseca que Euronymous se esforzaba por encarnar; Faust, batería de la también noruega Emperor, dijo que con Euronymous había mucho humo pero no demasiado fuego: el pobre Oystein iba de malote pero estaba muy lejos de serlo, y esto era algo de lo que enseguida se daban cuenta los observadores más espabilados. Esta idea la compartía también el compañero de banda de Faust, Ihsahn, y otros como Blackthorn, o el anteriormente mencionado, Varg Vikernes, de Burzum.
Otro de los rasgos profundamente sospechosos de la personalidad de Euronymous es su supuesta filiación comunista; durante cierto tiempo frecuentó un grupo juvenil comunista, pero decidió dejarlo cuando llegó a la conclusión de que eran todos unos humanistas; él decía estar a favor de un comunismo un pelín más radical, a la manera de Stalin o Pol Pot, considerando a Ceaucescu como uno de sus ídolos.
También hubo quien aseguró que Euronymous no era un personaje creado por necesidad, y que todo lo que decía y aparentaba era cierto pero, qué quieren que les diga... si todas estas paridas no forman parte de la construcción de un personaje cuyo único fin es asustar, yo soy el arzobispo de Calahorra.

Y, ¿por qué les suelto este rollo sobre un muchacho con evidentes problemas de autoestima y trastorno límite de la personalidad?, se preguntarán ustedes mosqueados, y con toda la razón del mundo. Pues, mis queridos lectores, les cuento todo esto porque resulta que a Oystein Aarseth lo mataron de veintitrés puñaladas en las escaleras de su casa de Oslo el 10 de agosto de 1993. Y sigo y finalizo la historia en la tercera parte de la saga.


Más: anteriormente en ¡Manda Carallo!La maldición de Mayhem (I): la historia de Dead .